GALERA TREINTA Y CINCO SIEGLOS DE HISTORIA (Capítulo nº 102)
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GALERA TREINTA Y CINCO SIEGLOS DE HISTORIA (Capítulo nº 103)
EL SIGLO XVIII (II)
IX.8c. INCIDENCIAS DE LA GUERRA DE SUCESIÓN EN ANDALUCÍA Y EN NUESTRA
COMARCA
Por lo que se refiere a Galera, la primera noticia documental que hace referencia a la
incidencia de este conflicto en la villa es del día 6 de enero de 1703.
«Don Francisco Rodríguez de Medarozqueta del Consejo de su Majestad en el real de
Castilla, presidente en esta Real Chancillería de Granada, a quien por Su Majestad…
está cometido el alojamiento… de seis compañías de a caballo del Regimiento de la
ciudad de Sevilla… Su Majestad ha sido servido de mandar que a los capitanes,
oficiales y soldados se les asista con la porción de dinero, cebada y paja…previniendo
que por razón (ilegible) no se les había de asistir con otra cosa alguna más que con
casas y camas para cada oficial una y para cada dos soldados otra y caballerizas para
los caballos… he resuelto que la compañía del capitán don Felipe Ramírez de
Arellano… paren y se alojen en los cuarteles de la ciudad de Baza… tengo mandado
que diferentes ciudades, villas y lugares que aquí se especificarán contribuyan a la
dicha ciudad de Baza con la porción de plazas que les he repartido, que son de la
manera siguiente:
La ciudad de Guadix siete plazas montadas regulada cada una a real y medio montan
10-5″… La villa de Galera otras dos plazas montadas 3″»
Curiosamente, en documento fechado asimismo en Granada ese mismo día por la
misma autoridad que el anteriormente citado y enviado a las justicias de diversas
localidades de la región, entre las que se encuentra Galera, «que son los lugares donde
están alojados los oficiales de los soldados», se da orden de que estos militares
regresen a Baza desde las expresadas localidades, donde han de concentrarse.
Pero estos soldados, por lo que diremos más adelante, nunca se alojaron en nuestro
pueblo en estas fechas. Esta segunda orden debe responder a algún tipo de confusión
que no acabamos de entender. Pero ambas están recogidas, registradas y guardadas
en el Archivo Histórico Municipal.
Según esta última orden, la villa había de entrar de alguna manera en la dinámica de la
guerra nada más comenzar el año. Sin embargo, y por alguna circunstancia que
desconocemos, el alojamiento de los soldados se aplazará hasta el mes de mayo. Y lo
que se han ahorrado sus ciudadanos en casi cuatro meses y medio al no tener alojada
la soldadesca en sus propios domicilios, lo van a pagar al alto precio de asumir a
mediados de mayo no unos pocos militares, sino dos compañías enteras.
Así es que de las ocho compañías de caballería y los trescientos soldados de infantería
que llueven sobre Baza y lugares de su jurisdicción, dos de las primeras se destinan a
Galera. Lo cual, por otra parte, no parece demasiado equitativo si tenemos en cuenta
el número de localidades que abarcaba entonces aquella jurisdicción.
Las compañías que destinan a Galera son las que están al mando de don Jerónimo
Porttan y de don Diego Teodomiro de la Cueva. Para ellas se dispone «…que les
den …el alojamiento que en las demás ocasiones se ha estilado y previenen las reales
ordenanzas en semejantes casos y todos los bagajes necesarios que pidieren dichos
capitanes sin que se experimente la menor falta ni detención…»
¡Y vaya si se los dan! Sobre todo a don Jerónimo. Así el día 14 de mayo son recibidos
por los alcaldes ordinarios y regidor de la villa, todos los cuales «dijeron estar prontos
a cumplir lo que … se ordena…». Naturalmente.
Pero esta vez la suerte se pone de parte de nuestros buenos alcaldes, que lo eran
Marcos Blanes y Juan Martínez Aznar, y regidores, a la sazón Esteban Salcedo y
Bartolomé Pérez. Los cuatro debieron estimar cuando se les vino encima la tropa –
presumiblemente a resguardo de los recién llegados- que la carga era excesiva para los
caudales de la villa y sus vecinos y debieron escribir inmediatamente a la máxima
autoridad bastetana para que los excusase, siquiera en parte, de la patriótica
obligación.
Y el mismo que les había causado el daño les iba a dar la medicina. A los tres días de la
llegada de la soldadesca una alegría que se guardarían muy bien de hacer manifiesta
ante los militares, recorrería los ojos del Concejo. El motivo es que el día 17 les llega
una carta, «a súplica que se le hizo», del alcalde mayor de Baza «por la cual manda
levantar de esta villa treinta hombres de las dos compañías», lo cual, estando las cosas
como estaban, era de agradecer.
Y mucho más cuando el capitán Porttan se ha ido al frente de los soldados, destinado a
Benamaurel. El resto del contingente permanece en Galera un tiempo variable, puesto
que cuando se van lo hacen en fechas distintas. El primer grupo de esta fuerza se
ausenta el 24 de mayo -algunos de sus componentes destinados a Huéscar- inclusión
hecha del capitán don Diego Teodomiro. El resto de soldados permanece aquí hasta el
día 1 de julio.
Y no hacen más que irse y los munícipes que, la verdad, no debían ser demasiado
apocados, elaboran un Memorial Jurado enumerando con detalles muy significativos
los gastos causados por la fuerza militar en el pueblo. La totalidad de ellos fue de
10.314 reales de vellón. Esta cifra, así, sin comentarios, no dice demasiado. Pero si se
explica que de esa cantidad más del 81% correspondió a la compañía de Porttan, la
cosa empieza a interesar. Y si se puntualiza que de los 8.420 reales que componen ese
porcentaje, hemos de adjudicar un gasto de 440 reales ocasionado sólo y
exclusivamente por el patriótico capitán, la cosa se pone verdaderamente interesante.
Tanto, que los alcaldes y regidores tuvieron que recurrir a un abogado «…para que
(les) diese luz… atento a no haberse ofrecido función semejante en esta villa…».
Y es que en los seis días y sus noches que tuvo la villa la fortuna de alojarlo la función
debió ser continua. Un pequeño detalle de sus justificadas y castrenses exigencias:
«…chocolate, azúcar y nieve que se necesitaba traerla tres leguas de distancia…. »
Efectivamente: nieve a mediados del mes de mayo, que se conservaba en una especie
de pozos expresamente excavados para conservarla, denominados torcas.
En el siguiente Capítulo se copia en su totalidad del mencionado Memorial Jurado.