TRABAJOS REALIZADOS EN LA NECRÓPOLI CON ANTERIORIDAD A LA CAMPAÑA OFICIAL DE 19181

2017-09-07 Fragmento de zapata del túmulo 75. Foto original2017-09-07 Túmulos 75 y 76. Foto original

TRABAJOS REALIZADOS EN LA NECRÓPOLI CON ANTERIORIDAD A LA CAMPAÑA OFICIAL DE 19181

II

Durante su ausencia surgieron varios tesoreros, dispuestos a profanar cuantos montículos juzgaran artificiales, sobresaliendo por su entusiasmo el citado Justo Ferrer y un hermano del cortijero de San Gregorio. Este último, que se llamaba Clemente, sumóse a los anteriores también por virtud de otro hallazgo fortuito necesitando algunas piedras para unas labores de regadío que llevaba a su cargo en la zona II de la necrópoli, se acercó a un montículo en cuya base afloraban ciertos sillares: Eran los indicadores del callejón de entrada de una cámara mortuoria tumular (número 112 del plano general). Intrigado por la obra de sillería, fue rápidamente metiéndose hasta el interior de la estancia, y en ella recogió una crátera deforma oxybaphon intacta, con escenas báquicas pintadas, que pasado algún tiempo fue adquirida .a bajo precio por unos anticuarios de Granada, aparte de varias vasijas y platos de carácter indígena y exótico.

Tales individuos, de sí ya muy listos para estos trabajos, se iniciaron bien pronto; y naturalmente atraída su atención, en primer término, por los montículos de mayor visibilidad y relieve, y asociadas las familias de los dos cortijos de la zona primera, emprendieron la magna tarea de explorar, empezando por la cumbre, los dos mayores túmulos de la necrópoli de Tútugi (números 75 y 76). Perdieron el tiempo, pues ya habían sido profanados de tiempo inmemorial, tal vez en época de los árabes, cometiendo la torpeza, debido a su ignorancia, de mutilar y reducir a la nada las pinturas murales que decoraban las paredes del túmulo 76, creyendo que ellas eran un ardid para ocultar la comunicación de acceso a estancias inmediatas, en donde realmente se ocultarían abundantes tesoros. Según referencias de esos individuos, representaban las pinturas escenas de caza, guerra y otras cuyo significado no comprendían.

Hecho tan brutal y vandálico llenó de indignación y pena al susodicho de nosotros, y estuvo casi a punto de abandonar el país. Mas su afición a estas investigaciones, unida a la reflexión, le hicieron desistir, optando por excavar nuevamente ambos túmulos con objeto de reconocerlos personalmente y -para ver si completaba cierta cajita de piedra con pinturas, seguramente del mismo estilo que las de la cámara 76, que fragmentariamente había guardado Justo Ferrer, descubriendo- en tal requisa nuevos elementos de estudio, que se especificarán al describir estos túmulos en el capítulo siguiente.

En vista de que los grandes túmulos negaban a los tesoreros mencionados riquezas metálicas, tomaron aquellos ávidos rebuscadores otro rumbo, calicatando aisladamente varios pequeños montículos, que en su mayor parte abandonaban muy pronto, desilusiona-dos por no hallar dinero en ellos. Uno de estos túmulos, tan sólo reconocido en su parte superior, es el que figura en el plano general con el número 85, distante unos metros del gran montículo, que tenía su cámara pintada. Entre la tierra removida y piedras halló el susodicho un fragmento de vaso griego con pinturas, prueba evidente de que al principio ni aun esas bellas vasijas de importación interesaban a los buscadores de tesoros. Continuando la excavación, al cerciorarse por la estratigrafía del terreno de que aún faltaba algo por excavar en aquel túmulo, tuvo la suerte y alegría de recoger casi todos los fragmentos de un bellísimo oxybaphon, que pudo reconstruir luego muy fácilmente, más otras vasijas y platos de alta originalidad, que el lector juzgará en su lugar adecuado del capítulo III, y una falcata y varios otros objeto-s metálicos muy mal conservados por oxidación.

Como no apreciara indicios de obtener éxito inmediato, por el poco tiempo de que disponía para esos trabajos en las zonas primera y segunda de la necrópoli, decidió continuar la exploración al oriente del Cerro del Real, en la cañada de los Metros, en donde aparecían por la superficie del suelo fragmentos de cerámica. A causa de las denudaciones del terreno y de las labores agrícolas, no existían allí indicios ni señales de enterramientos recubiertos por montículos, como en las otras dos zonas, por lo que tuvo que orientarse al principio abriendo algunas zanjas en los parajes incultos, que dieron por resultado el filón de una serie de enterramientos abiertos al pie de unos acantilados, que a derecha e izquierda de la cañada afloran a la superficie en sentido inclinado de Sur a Norte. Las varias sepulturas que entonces exhumó al relatar esta tercera zona de la necrópoli de Tútugi se describirán minuciosamente.

1 Con anterioridad a las investigaciones llevadas a cabo por uno de nosotros y rebuscas clandestinas, que en este capítulo se describirán, de tiempo inmemorial los naturales del país encontraban de vez en cuando en sus trabajos agrícolas y en el área que ocupa la necrópoli, objetos más o/menos importantes, a los que no dieron consideración, habiendo sido algunos de ellos vendidos a los anticuarios que al azar pasaron por Galera. Uno de ésos, don Camilo Barros, de Granada, cedió al Museo Arqueológico de aquella ciudad un lote de urnas cinerarias y otros objetos que alli figuran hoy día con los números 513 a 516 y 518, 522 a 528, con. la procedencia de Urci, pues se creía en dicha época que Galera pertenecía a la jurisdicción de esa ciudad ibérica. En ciertos apuntes inéditos de don Manuel Gómez Moreno se alude a otros objetos adquiridos por el señor Barros, y cuyo paradero se desconoce, entre los cuales había una cajita-urna cineraria de piedra, como la que se describe en la sepultura 10, con la particularidad de tener una división central a modo de tabique. A don Manuel Rodríguez de Berlanga hubo de interesarle un grafito púnico que apareció en la boca, de un vaso que se conserva en dicho Museo de Granada, como procedente de Galera: Véase su estudio y reproducida tal inscripción especialmente en la obra “El nuevo bronce de Itálica” págs. 335-6, lámina-IV, números II—I3 y 14. Otro descubrimiento arqueológico en la necrópoli de Tútugi, anterior a las excavaciones oficiales, fue el realizado cerca de la cueva de don Juan Heras, sepultura 5, y algunos de los objetos que lo integraban fueron cedidos a don Macario Golferichs, que a la sazón estaba haciendo estudios hidráulicos en la comarca.

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