JUEVES LARDERO, FIESTA MEDIEVAL

El próximo jueves, día 23 de febrero, -siempre el jueves anterior al miércoles de ceniza- se conmemora en más pueblos de los que se cree de España esta antiquísima festividad. Y en Galera también.

La celebración es básicamente gastronómica, pues se trata de comer ese día rotundos víveres procedentes de las matanzas domiciliarias del providencial cerdo. Éste, que era un vecino más entre las gentes de nuestras villas y lugares antes de que entrásemos de lleno en la supuesta modernidad en que estamos establecidos, nos proporcionaba una ingente reserva de morcillas, morcones, tocinos, chorizos, salchichones, longanizas, orejas, chicharrones, rabos… que era imposible que hubiese criatura a la que no le gustase alguno, varios o todos estos frutos del invierno. Por gustar, algunos decían que, del cerdo, le gustaban hasta los andares.

Además de todo esto, con ser mucho, en Galera hay que añadir la tortilla de patatas -no en vano a este glorioso día se le llama aquí también “el día de la tortilla”- amén del vino de la tierra y de un préstamo del Levante: las naranjas como postre. ¡Ah! Y el hornazo para los niños. Todo y tal y como se ve en la primera foto que ilustra este texto.

Dicen aquellos a quienes hemos consultado, que esta manifestación del buen comer estaba propiciada allá por la Edad Media por la inminente cercanía de la Cuaresma -tan llena de ayunos y quebrantos en forma de vigilias-, por lo que el jueves lardero era una despedida de todas las alegrías culinarias que hemos sugerido para entrar en los sinsabores de platos más de penitencia que de gozo.

El sitio en que tenía lugar este rito también era importante. Había que buscar un lugar en el campo, cueva, cortijo o similar, por si el tiempo no acompañaba, donde los grupos de vecinos se desplazaban para pasar el día, como ilustra la foto de estos grupos de jóvenes cómodamente sentado en las “cabañuelas” de cáñamo.

No sabemos de dónde nos viene esta costumbre, pero es más que probable que sea de la zona de La Mancha, lugar de procedencia de los pobladores cristianos viejos que se establecieron en Galera tras ser ésta desprovista de los moriscos que vieron en ella hasta 1570.

La única referencia escrita que tenemos sobre el jueves lardero en Galera tiene exactamente cien años, y aparece en la Memoria que Juan Cabré y Federico de Motos publicaron en 1920 sobre las campañas de excavación que dirigieron en Galera para el descubrimiento de la necrópolis ibérica de Tútugi. A hablar de las, para ellos, alfarerías ibéricas que hay en la zona de la Venta de Campos, dicen lo siguiente:

“… y tal es allí la cantidad de vajilla rota, que los vecinos de Galera, no sabiendo explicárselo, creen en la leyenda, muy bien divulgada por cierto, de que antiguamente el pueblo en masa, el jueves Lardero, subía a merendar a dicho cerro y después de la merienda rompía cada uno de los asistentes un plato o puchero en conjuro a ciertos artificios o males cuyo secreto no ha conservado la tradición…”

¿Y si fuera verdad todo eso?

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