CERRO DE LA VIRGEN

De los barrios y calles que constituyen la actual población de Galera, este conjunto urbano es el más antiguo de todos.

Se trata de un conjunto de cuevas que recubre prácticamente la totalidad de la colina, las cuales se fueron abandonando en los años sesenta y setenta del siglo XX. Más adelante, con el desarrollo del llamado “turismo rural”, muchas de aquellas cuevas comenzaron a rehabilitarse, lo que se consiguió en gran parte.

Por su situación, ofrece unas espectaculares vistas a los cuatro puntos cardinales, lo cual se aprovechó hace unos años para construir en su extremo norte un mirador desde el cual se puede disfrutar de un amplísimo panorama de sierras, vegas y ríos.

Este actual barrio, hasta 1570, había sido el solar de la población musulmana, establecida en él desde el siglo IX en que se cita por primera vez como el castillo (hisn) de Galira, en plena frontera entre el reino nazarí de Granada y el cristiano de Murcia.

Aunque nunca se han hecho excavaciones arqueológicas en su área, sí que se estudiaron los fondos de algunos silos de las primeras épocas, y el resultado está publicado por Maryelle Bertrand y José R. Sánchez Viciana en “Valoración del conjunto de cuevas del cerro de la Virgen de Galera”. Extraídos algunos fragmentos de este texto, estos son los que más nos interesan para explicar nuestro propósito:

“… En una anterior visita a este conjunto de cuevas… pudo comprobarse que el interior de éstas presentaba restos de grandes silos pertenecientes al asentamiento medieval, que habían quedado recortados lateralmente al excavar las diversas habitaciones. Tres de esos silos eran ya conocidos y así consta en la ficha diagnóstico del Cerro de la Virgen elaborada por Jesús María García Carayol para la Delegación de Cultura y el GDR (Grupo de Desarrollo Rural) del Altiplano…

Galera está mencionada por primera vez como castillo (hisn Galira) en época almorávide… se nos presenta como una etapa en el importante camino que comunicaba Jaén con Murcia… Es muy posible que fuese en este momento cuando tuvo lugar la construcción, o al menos la restauración, de este castillo…”

En las “Conclusiones” a que se llega después de este estudio de los silos, se afirma lo siguiente:

El Cerro de la Virgen, incluidas sus ladera, se nos presenta en la actualidad como un yacimiento arqueológico, con ocupación al menos desde época almorávide. Los silos formaban parte del conjunto de estructuras asociadas al recinto fortificado. La fase morisca (desde 1500), y particularmente el asedio, toma y destrucción, tienen un gran significado histórico para el conjunto de la población actual, habiéndose convertido en un signo de identidad. Como yacimiento arqueológico, al cual es además aplicable por tratarse de arquitectura militar la disposición adicional 2ª de la Ley 16/1985, las actuaciones previstas tanto en la cumbre del cerro como en sus componentes subterráneos (silos, cuevas, eventuales aljibes, etc.) deberán regirse por la vigente legislación de Patrimonio Histórico. El conjunto de cuevas situadas en la cima del cerro, actualmente en proceso de ‘habilitación’ para su conversión en alojamientos turísticos conserva en su interior un significativo número de silos medievales que deberían ser preservados e integrados en las reformas que se acometan. Es muy posible que parte de las habitaciones de las cuevas situadas en el cerro sean de ápoca medieval o morisca, por lo que, en espera de la ralización de estudios pormenorizados, habría que habilitar directrices y mecanismos para su adecuada conservación que queden plasmados en la normativa urbanística”.

A lo largo de gran parte de la Baja Edad Media, el territorio fronterizo en que estaba ubicado dicho castillo -y la población que lo mantenía- sufrieron numerosas vicisitudes, destacando los cambios bruscos que implicaban pertenecer a un bando o a otro, según la suerte que corrieran las armas de musulmanes o de cristianos.

Poco a poco se consolidó una población considerable, hasta que en 1488, la ya denominada Galera, se entrega a los Reyes Católicos, constituyendo por consiguiente parte del Reino de Castilla.

Así era, casi cien años después, según la descripción de Ginés Pérez de Hita y de Luis de Mármol Carvajal respectivamente:

“… Galera es un pueblo mas largo que ancho; su longitud se estiende desde el mediodía á la tramontana, y su latitud de poniente á levante. El circuito no es grande, aunque por tener angostas las calles y ser las casas pequeñas, bien que no mal labradas, contenía más vencidario del que mostraba á primera vista. Su forma es la de una galera que está con la quilla arriba, de lo que se presume tomó su nombre. La popa della… mira á la parte del mediodía, y la proa en derechura á la tramontana y camino de Huéscar. El pueblo se edificó sobre una peña tajada á la redonda, salva la parte que venía á tener por frente las eras1…y estaba la iglesia, la cual parte… era algo llana, pero no tanto que dejase de ser por allí tan fuerte como las demás, teniendo por delante un foso… Por la parte de la popa, que era la más alta y recta, descollaba un castillejo labrado á lo antiguo, con un rebellín que llegaba hasta unos seis pasos de la muralla, dejando en medio una pequeña calle que dominaba á todo el lugar. La muralla, hecha así mismo á lo antiguo, no era muy alta, y tenía algunos torreoncillos…”

Internándonos en la población, esto es lo que observan, tal y como nos cuenta Mármol:

… las casas estaban tan juntas, que las paredes eran bastante defensa para cualquier furioso asalto… porque estaban puestas unas á caballero de otras en las laderas, de manera que los terrados de las primeras igualaban con los cimientos de las segundas, y el fundamento era sobre peñas vivas, alzándose hasta la más alta cumbre; y por esta causa eran los terrados tan desiguales, que no se podía subir ni pasar de uno en otro sin muy largas escalas; y teniendo los moros hechos muchos reparos y defensas en las calles, tampoco se podia andar por ellas sin manifiesto peligro. Había dos calles principales que subían desde la puerta de la villa que salía á la iglesia, hasta el castillo; las cuales, demás de ser muy angostas, las tenían los moros barreadas de cincuenta en cincuenta pasos y hechos muchos traveses de una parte y de otra en las puertas y paredes de las casas para herir á su salvo á los que fuesen pasando; y para poderse socorrer los unos á los otros en tiempo de necesidad, las tenían horadadas y hechos unos agujeros tan pequeños, que apenas podía caber un hombre á gatas por ellos… Y porque dentro no había pozos ni fuentes, habían hecho una mina, que iba cubierta desde las casas bajas hasta el río…”

Éste fue el teatro de operaciones para el desarrollo del hecho histórico más importante que tenido lugar en toda la historia de Galera: la sublevación de sus habitantes moriscos en 1569, el intento fallido de asalto por los cristianos de Huéscar en un primer momento, la intervención estéril del segundo marqués de los Vélez, don Luis Fajardo, el asedio de don Juan de Austria y los Tercios de Nápoles desde el 18 o 19 de enero hasta el asalto final del 7 de febrero de 1570.

Por ser suficientemente conocido, no vamos a detenernos en sus detalles. Sólo mencionar que el suceso fue considerado tan importante que, años después, don Pedro Calderón de la Barca recogió este hecho en una de sus piezas teatrales -Amar después de la muerte- la cual se desarrolla en gran parte en Galera.

Otro autor, Pérez de Hita, poco antes, había descrito de esta manera la inmensa tragedia, en la que hubo bastante más de 3000 muertos:

Mastredajes marineros

De Huéscar y otro lugar

Han armado una Galera

Que no la hay tal en el mar.

No tiene velas, ni remos,

Y navega y hace mal;

El castillo de la popa

Tiene muy bien que mirar.

La carena es una peña

Muy fuerte para espantar.

Quien pudo galafatearla,

Bien sabe galafatear.

No lleva estopa, ni brea,

Y el agua no puede entrar

Sino por escotillón

Hecho á costa principal.

Marinero que la rige

Sarracino es natural,

Criado acá en nuestra España

Para su mal y nuestro mal.

Abenhozmín ha por nombre,

Y es hombre de gran caudal.

Confiado en su Galera

Va diciendo este cantar:

Galera, la mi Galera,

Dios te me guarde de mal,

De los peligros del mundo

Y del príncipe don Juan,

Y de su gente española,

Que te viene á conquistar.

Si deste golfo me sacas

Delante pienso pasar

A la vuelta de Toledo,

Madrid y el Escurial;

el Pardo y Aranjuez

Los presumo visitar

Y llegar á las Asturias,

Do otra vez pudo llegar

Abenhozmín mi pasado,

Que vino de allende el mar,

Y poseyó las Españas

Casi mil años, o más”.

Estas palabras diciendo

La Galera fue a encallar;

No puede ir adelante,

Ni puede volver atrás.

Cristianos la rodearon

Por haberla de tomar;

Toda es gente belicosa,

Con ellos el gran don Juan.

Comienzan de combatirla,

Y ella quiere pelear

Sin darse á ningún partido

Antes quiere allí acabar.

Fuertemente la combate

El de Austria sin la dejar;

Con cañones reforzados

Comienza á cañonear.

Poco vale combatirla,

Que es fuerte para espantar,

Hasta que le arrojan dentro

Pólvora, fuego, alquitrán,

Con que le dan cruda guerra

Y al fin la hacen volar.

Así acabó esta Galera

Sin poder más navegar.

1 En este momento las eras ocupaban el solar del pueblo actual.

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